Atracciones efímeras.
Recostado en el pasto, leyendo algunos fragmentos de obras
rebuscadas, espero que se pase el tiempo pero que se pase lento porque ando con
ganas de quedarme ahí, el sol nos tiene como tostados, pero al final la brisa
nos libera un poco del calor. Llega una onda desde el suelo, por su fuerza al
chocar contra mis piernas supongo una distancia de veinte metros y mientras
levanto la mirada el sol se esconde y allá brilla, como en el origen de la onda,
allá se ven cabellos bailando por las corrientes de aire, unos ojos color
marrón se esconden entre la multitud y me atraen como si de un imán se tratara,
cada paso una onda más, así que termino caminando como “sube y baja” un mar de ideas
bajo mis pies, ideas pisoteadas por las ganas de llegar hasta ella, de llegar a
fotografiar esos ojos marrón, pintar los labios y dejar que se trepe en mí,
pero las olas se ponen cada vez más fuertes y lo único que consigo es una
mirada que me dice “Largo, por aquí no te quiero, te quiero cerca pero no por
estos lados, mejor veámonos luego…” Ahí quedo como con cara de imbécil, pensando
en que las ideas que pisoteé no volverán a florecer, que las perdí, que las
corrientes de aire se llevaron lejos los mares y que el sol en realidad me
tostó el cerebro. -CarlosMatallana.
Comentarios
Publicar un comentario