VACACIONES -Natalia Springer.


"Es la fotografía perfecta del mundo que tenemos: quiere la paz y también el dinero, el placer, el poder y la impunidad.

Hace un par de días, uno de mis mejores amigos me escribió para contarme que su misión había sido suspendida porque él y sus compañeros habían caído víctimas de una serie de ataques de las milicias. Yo misma estoy cesante por cuenta de la cancelación de una misión humanitaria que se anuló porque las condiciones de violencia eran insuperables.

Y no es que me esté quejando por verme forzada a tomarme unas vacaciones; es que tengo la sensación de que no es un buen momento.

Somalia le declara la guerra a Etiopía. Las milicias de Mussa Hilal en Sudán reciben a los operativos de Al Qaeda y preparan el terreno para convertir a Darfur en el siguiente episodio en su guerra de desestabilización global. Hezbolá obliga al Ejército de Israel a entrar en el interior del Líbano para engancharlos en una guerra de guerrillas que terminará comprometiendo a la Liga Árabe, como lo ha solicitado el Primer Ministro de Irak.

Irán esta preocupado porque no le han vuelto a rogar que se siente a negociar desde que Corea del Norte realizó sus pruebas nucleares. Pakistán lamenta los atentados de Bombay pero se apresta a construir un reactor en Khushab capaz de producir 50 bombas atómicas al año.

Afganistán esta al borde de la guerra civil. Chávez ha prometido armar a los civiles y las Farc han jurado defenderlo en caso de que los Estados Unidos se decidan a invadir Venezuela.

Y eso es solo el principio. ¿Ven a lo que me refiero? Tengo la impresión de que no es exactamente la época mas propicia para relajarse.

Lo más glorioso es ver a los políticos con el talante grave y la serenidad de niebla que les da ese aire tan bonito en televisión, torciendo con destreza las palabras, pidiéndole a Dios por la paz y exigiendo el cese de las hostilidades. Se dirigen así a sus electores, que desde sus vacaciones se sienten aliviados sabiendo que sus líderes están tratando de detener la barbarie.

Puro embrutecimiento mediático. Europa y los Estados Unidos prefieren construir muros, apostar francotiradores en las fronteras y disfrazarlo todo con la cara misericordiosa de la caridad para contener a las masas de desposeídos que llegan en pateras y saltan mallas eléctricas, antes que mejorar las condiciones de vida en estos países cediendo un ápice en las negociaciones para reducir los escandalosos subsidios agrícolas, o desafiando el poder de los grandes laboratorios para facilitar el acceso a los medicamentos.

Y a los terroristas y las guerrillas tampoco les corre prisa. Para ellos la guerra resuelve su existencia y los muertos solo cubren de nobleza su causa. Continuarán defendiendo su derecho a aterrorizar, pero nunca el de los humildes a vivir. Tienen la lengua demasiado larga y el alma rota de tanto jalarle al gatillo.

Es la fotografía perfecta del mundo que tenemos. Un mundo de superegos, de adicción a las mentiras soporíferas que hacen llevadera la propia mediocridad, un mundo incapaz de dejar de manosear a Dios y hacerse un examen de conciencia por una maldita vez. Es un mundo que quiere la paz y también quiere todo lo demás: el dinero, el placer, el poder, la tierra y el amparo de la impunidad y el silencio.

Mi amigo, golpeado brutalmente por un miliciano, se sublevó cuando este trató de ultrajar a una enfermera. Para su fortuna, un golpe de suerte evitó un desenlace mortal para todos. Al final, cuando los abandonaban en el camino, mi amigo gritó: "Nos veremos en un tribunal, maldito". Y el miliciano, tirándole un cigarrillo en la cara, le contestó: "Yo estoy por fuera de la ley". Mi amigo guardó el cigarrillo. Juró devolvérselo. Está convencido, como yo, de que la justicia, igual que el fin de nuestras vacaciones, es solo cuestión de tiempo."

Publicación
eltiempo.com
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
21 de mayo de 2008
Autor
POR NATALIA SPRINGER

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